VIAJERO

Con un par de sábanas, una carpa en la espalda, dos pares de mudadas y el kit básico para exploración: linterna, encendedor, mapa y todas las ganas de descubrir un mundo perdido entre árboles, aroma a tierra mojada y el sol que aún despierta a la humanidad en rutina. Un pasaporte un unos cuantos sellos de salidas y entradas de suelos nunca antes vistos y con deseos de retornar. Deseos que ante la bastedad del universo, un humano pequeño se ve. Pero los sueños no mueren para el que los vuelve realidad.

Con una pequeña maleta de mano, emprende un hermoso viaje ante lo desconocido. La madrugada aún se posa sobre su estar. Y la adrenalina recorre cada espacio de su cuerpo al verse sorprendido ante un amanecer formidable. Al observar hacia abajo, miles y miles de árboles frondosos sorprendidos ante la neblina que va desapereciendo con cada segundo.

El sol refleja sus primeros rayos, y la aurora temprana es sin duda la expresión más bella de la creación. Hace frío aun. El calor no se hace esperar frente a una fogata con bebida caliente y un libro de maravillas de la tierra que puede alcanzar con aquella luz que empieza cada vez más a crecer.

Había dejado atrás llamadas, contactos, citas, reuniones, tareas y ocupaciones que tan pronto le preocupaban a tempranas horas de la mañana.

La presión de la sociedad y del sistema, le dictaban una rutina que parecía ser aburrida ya desde su infancia y que se había dejado consumir a sus 26 años.

Pero su capacidad de ingeniar estrategias para sostener aquella vida que tanto había anhelado, no podía esperar. Emprender para vivir. Su sueño mas anhelado. Era ya su quinto viaje desde enero de ese mismo año. Sentía en sus venas la vida que no había sentido años atrás. Por fin había encontrado la razón de vivir. El amor de su vida. Repetía en cada uno de sus viajes: «Viajar es Vivir, viajar es vivir».

De aquellos libros de viajes que había leído, contados por otros viajeros. Le sorprendieron en el deseo de experimentar ese aroma a nuevos horizontes, cada uno con sus experiencias, sabores, culturas y nuevos amigos.

En aquella dulce madrugada. Frente a otra maravilla más que la tierra pudo regalarle. El Viajero contó su historia en cada letra, en cada segmento de su vida. La alegría de sentirse vivo de nuevo. Podía apreciar lo que en fotos observaba. Podía ver correr a distancias manadas de animales salvajes, pájaros de distintos plumajes, colores y cantos, podía recorrer los bosques tropicales y subirse a una bicicleta que lo conduciría a su próximo destino. Aquel destino que su mapa le señalaba. El viaje hacia el sueño, hacia un nuevo paraíso.

 

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